Difícil de olvidar

Esa facilidad para volver al pasado perfecto,
esa felicidad que se conserva en cada vistazo hacia atrás,
ese inicio que con tanta magia me hizo creer de verdad
y ese final que hasta ahora me sabe a “esta historia continuará”

No teníamos ni idea de lo que pasaría aquella noche, aquella en la que pude fotografiarte mentalmente y llevarme como trofeo las sonrisas que pude pintar en ti. El hecho épico de sentirte ajena y lejana y que finalmente pudiésemos vencer cada batalla que el caprichoso destino se encargaba de ponernos. Aliados con lo que teníamos a la mano, por accidente y por instinto, aunque ‘Nadie Nos Entienda’, decidimos arriesgar a querernos sin casi vernos y buscar en cada reencuentro una oportunidad para decirnos con caricias lo que ya las palabras no podían expresar. Cada viaje, cada lluvia, cada color que pintábamos en nuestro lienzo, fueron todos un regalo que conservaría en ese lugar en donde sólo tú llegaste. Tú hacías más en mí que cualquiera y no me negaba a darte lo poco que tenía; pues era tu felicidad mi necesidad. Me perdí en ti, en tu mundo y tu curiosa forma de ser.

No tenía ni idea de cómo actuar, contigo todo era nuevo e inesperado, pero a tu lado parecía todo sencillo, tan así que hasta hoy puedo sentir esa carencia de luz en mi camino. Torpe pero apasionado, ciego y desesperado. Fuimos cayendo en un loopback sin sentido. Mientras yo vivía la burbuja utópica de los románticos antiguos, tú tejías el escape acompañado del silencio ¿Cobardía o sabiduría? Nadie supo explicar por qué tirar la toalla repentinamente si ya habíamos ganado tantas batallas, ni mis ángeles ni mis demonios, nadie supo decirme el porqué. Tuve que conformarme con que era lo mejor para ti, y eso no era tarea fácil: me exigiste que actuara con la razón antes que entregar el corazón, pero tarde caí en cuenta que se trataba de tu adiós.

Fueron días oscuros en una ciudad gris, el amor que sentía por ti no podía creer que realmente ya no estarías más, ni tampoco enterrar todos esos sueños que esbozamos juntos, ni las promesas de amor de chiquillos agrandados. Amoldarme a ti, aprender de ti, crecer contigo… ¿para qué tanto cariño si al final se acabaría como quien rompía la foto de los dos? El dolor se anidaba pero ni siquiera podía odiarte, mientras que el calendario iba marcando aniversarios y efemérides que solo yo recordaba, pues las cartas que enviaba no las respondiste y se convirtieron en un motivo más para blindar un corazón que solo podrá recordar una historia que se niega a terminar mal. Porque tuve que inventarme un final feliz para seguir, y volver a recordarte con ese amor que me enseñó lo mejor de mi vida. Y en mis sueños te agradecí por todo lo que me diste, pues nunca pude hacerlo en persona. Un final con sabor a puntos suspensivos…

Conclusión

Un adiós en silencio es como una muerte inesperada, una sensación indeseable que representa la agonía de un corazón que no está preparado para dejar ir pero que tiene que aprender a hacerlo. El dolor y la distancia se conjugan con lágrimas impasables y cicatrices que tardan en cerrar. Y ese ‘nadie nos entiende’ se convierte en un vacío letal para un corazón soñador, un iluso que aún puede llorar si cierra los ojos y huele el aroma de sus recuerdos. Y es normal que pese a haber avanzado tanto uno pueda confesarse así: ♫hoy la nostalgia me apretuja el alma, hoy los fantasmas de tu amor me llaman. Hoy te quiero contar porque nunca te pude olvidar.

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